lunes, 23 de julio de 2012

Y comenzaste a despeinar mi sentidos...

Pise tus pies sin querer cuando de frente estábamos.
Y comenzaste a despeinar mi sentidos.
Los detalles se sentían indescriptibles, profundos.
Entrecruzaste tu mirada con la mía, y así lo hicieron luego nuestras manos.
Lento y disfrutando de ver cómo del pulgar al dedo pequeño nos íbamos uniendo.
Sonreías y me mirabas fijo.
La calma alrededor logró destrozar el tiempo.
Las palmas de sus manos, cálidas y suaves acariciaron mi pelo y me protegieron.
Me hiciste entrar al deseo de necesitar todo esto y a la vez al de hacerme daño.
Porque tu pequeño afecto me hizo efecto. Aunque parece que esto ya no es recíproco.
Hubo un cambio. Ese interés fue efímero, al parecer.
Quedándome con la memoria ahuecada de sabores y su tacto, no quiero decir recuerdos porque eso sólo remarca más que ya nada existe y no quiero dar por sentado que así sea.
Estoy guardando este secreto en los ojos, teniéndolo todo el tiempo enfrente mío.
Pero es inevitable distinguirte por más que tu imagen estuviese borrosa en mi cabeza.
Desconcertada y desentendida, sigo esperando una respuesta por más que la reciba representada con un silencio o la propia ausencia, mi deseo es fuerte en pensar que no va a ser lo inesperado y sí lo deseado.
Me contradigo todo el tiempo, animándome con optimismo aunque sienta que el realismo lo pasa por encima, pero sintiendo que algo dentro mío me dice paciencia.
Y así van pasando los días...
Conservando lo que fue exquisitez el cuál va tomando lentamente un gusto agrío.
Durmiéndome cansada de recordarlo, despertando con ganas de encontrarnos.
Acompañada de canciones. De personas. De lugares.
Pero conservando ese vacío que por el momento encontró de quién se espera llenar.

2 comentarios:

Chechi dijo...

Que bonito eso que escribes, ojala eso tan esperado llegue. Te sigo y si gustas te espero por el mio, saludos.

Y además sombreros dijo...

Que foto tan bonita.
Un beso.